EL BOSON DE HIGGS Y LA PSICOLOGÍA

Le dice un ratón a otro:
"Mira que he condicionado 
bien a mi humano!;
Cada vez que aprieto la palanca
deja caer una bolita de alimento" 
(en H. J. Esenck. La rata o el diván") 

En el continente Ciencia casi todo son alegrías. Los habitantes de Física y Matemática son los más afortunados. Personas laboriosas que han conseguido el reconocimiento de las gentes del resto de los continentes, que aunque no se entienda lo que dicen, se sabe que la lavadora, la tele y el ordenador algo tiene que ver con sus elucubraciones.

Es tanta la admiración que hasta un libro que poca gente entiende,Historia del Tiempo” de S. Hawking compitió en el mercado, de igual a igual, con los libros del corazón o del bazo. Que después dice S.Hawking que estaba equivocado, ¡no importa! No comprendimos nada cuando pensaba que estaba en lo cierto y tampoco entendemos por qué, donde dijo A después dice B. Nuestra admiración es incondicional.

Los físicos y los matemáticos son gente con suerte. No hay ningún grupo de chamanes  del Amazonas, o de pseudo-físicos, que compita con la NASA en la carrera espacial. Además, cuando los físicos se empeñan en buscar algo y lo encuentran, como el boson de Higgs, éste no se aparece delante de unos pastorcillos, ni en el Escorial, ni en la cocina mientras hacemos unas lentejas. Se aparece en Ginebra, que es una ciudad elegante, y dentro del Gran Colisionador de Hadrones. La partícula se encuentra donde y cuando se la espera. No está de más, apuntar que la prensa presentó este hallazgo como el descubrimiento de la “partícula de Dios”, y nos quedamos anonadados.

Sin embargo, no en todos los países del continente Ciencia viven sus habitantes tan contentos. En el país Psicología existe una tribu de “psicólogos científicos” que comenzó su actividad  ciertamente molesta. Por un lado los habitantes de Fisíca y Matemática los miraban y miran con cierto desprecio, como okupas en el continente Ciencia, al igual que al resto de los psicoterapeutas. 

Sus iguales de la escuela rusa, que tenían a Pavlov como maestro, no valoraban mejor a esta tribu. Leontiev (1959) asegura que esta tribu de “psicólogos científicos” mantiene una concepción ingenuamente asociativa del aprendizaje que “manifiesta una carencia total de fundamento desde los puntos de vista teórico y práctico”, poniendo como ejemplos la adquisición del lenguaje o el aprendizaje de operaciones aritméticas como la suma, que contrariamente a lo defendido por estos “psicólogos científicos”, es algo más complejo que aprender un conjunto de signos asociados: Nada más fácil, por ejemplo, que crear en un niño relaciones asociativas estables del tipo 2+3=5; 3+4=7; 4+5=9, etc. Aunque estas asociaciones puedan ser actualizadas fácilmente en él, no obstante, el niño puede no saber sumar".

Los etólogos, del país Etología, tampoco ven con buenos ojos a esta pequeña tribu de psicólogos “científicos”, conocida como “conductista” y recientemente como “cognitivo-conductual”. Lorenz, un reputado ciudadano de Etología, no estaba de acuerdo con sus teorías, proponiendo que para comprender el comportamiento (animal y humano) hay que estudiar tanto el comportamiento instintivo como el aprendido.

Enojada y molesta, esta tribu trató de encontrar un hueco y reconocimiento junto a los demás pobladores del continente Ciencia. 

Uno de los jefes más destacados de la tribu de los psicólogos “científicos”, Skinner (1904-1990), construyó una caja que proporciona comida al animal que está dentro cuando éste presiona una palanca. Por ensayo y error, el animal (por ejemplo una paloma) aprende a relacionar la conducta de presionar la palanca con la recompensa, la comida, aumentando en teoría la probabilidad de esta respuesta (presionar la palanca). 

Para Skinner, el premio incentiva el aprendizaje y fortalece la respuesta (es decir, su teoría dice que es más probable que se repita la conducta premiada). Esta forma de aprendizaje se denominó condicionamiento operante y se dijo que era diferente del condicionamiento clásico de Pavlov. 

A pesar de las sofisticadas y refinadas técnicas de doma que desarrollaron los conductistas, los animales y las personas plantean un problema: que hacen un poco lo que les da gana.


Dentro de esta tribu surgieron los desacuerdos, generando desconcierto entre sus miembros. 

Un caso conocido es el del matrimonio Breland, que aparcó la doma de personas, montando un negocio de doma de animales aplicando los principios del condicionamiento operante de Skinner. 

Los Breland (1951) dejaron por escrito esta optimista afirmación sobre los métodos de Skinner al comienzo de su andadura empresarial: "somos totalmente afirmativos y optimistas en el sentido de que los principios derivados del trabajo de laboratorio pueden ser aplicados al control extensivo del comportamiento animal en condiciones diferentes a las del laboratorio".

Transcurrida una década, el optimismo se había esfumado. Tras trabajar con miles de animales de todos los tamaños, formas y colores (renos, cacatúas, mapaches, delfines, ballenas, etc.). Los Breland ya no eran tan optimistas sobre la aplicación de las técnicas conductistas fuera del laboratorio. Fracasaron incluso con el entrenamiento de la paloma, que no dejaba de ser la artista fetiche en los experimentos de Skinner.

Uno de estos descalabros ocurrió con el cerdito pianista. El cerdito, en vez de sentarse y tocar el piano, como lo haría cualquier animal bien condicionado, se dedicaba a hurgar con el hocico por los alrededores y mordisquear las patas del piano, por que sí, sin haber recibido ninguna recompensa por estas conductas. “Tuvimos grandes dificultades para conseguir un cerdito profesor de piano”. Se lamentaba Marian Breland.

Otro ejemplo. Los Breland intentaron que unos pollos aprendieran a estarse quietos durante 10 o 12 segundos. Para ello, sobre una plataforma, comenzaron a premiar a los pollos con maíz cuando se quedaban quietos unos pocos segundos. Los pollos se quedaron quietos al principio del entrenamiento, sin embargo, una vez que asociaron la plataforma con la aparición del maíz, el 50% de ellos comenzó a arañar la plataforma y un 25% se dedicó a hacer otras cosas como picotearla. Viendo el resultado, los Breland, gente obstinada y decidida, no se desanimaron e improvisaron; mientras los pollos se dedicaban a lo suyo, a picotear y a arañala plataforma, añadieron música creando el pollo bailarínEn definitiva, los Breland se sometieron a las leyes de la realidad y al comportamiento instintivo de los pollos: picotear para buscar comida.

Aunque el experimento pueda interpretarse como que  los animales condicionados fueron los Breland y no los pollos, para Skinner nada cambió: “Los Breland tuvieron que utilizar el repertoro filogenético pero ateniéndose a la técnica de modelado” (1980). 

Lo cierto es que la aplicación de tanta "ciencia" sin cabeza, dejó a los Breland en manos de los caprichos del azar. Ya advertía otro conductista, H.J. Eysenk (1972), que: "no hay nada más terrible que la ignorancia en acción".

Continuamos. Como las desgracias nunca llegan solas, el conductismo también fue cuestionado dentro de la psicología experimental. Schwartz y Wiliams (1972) llegan a la conclusión de que la relación entre respuesta y reforzador (premio) es secundaria en el mantenimiento de la conducta. Harts, E. (1975) como resultado de sus estudios experimentales sobre automoldeamiento, propone que no hay distinción entre condicionamiento clásico y condicionamiento operante, dando más argumentos a Jerzy Konorsky (1903-1973) sobre que al condicionamiento operante es más correcto llamarle condicionamiento (clásico) del Tipo II. También concluyó que la ley del efecto, tal como Skinner la emplea, no puede considerarse un principio predominante en el aprendizaje. Edward C. Toman (1886-1959) demuestra que lo que se aprende no son las conductas, etc. 

Por si todo esto fueras poca cosa, a la tribu de la “psicología científica” el boson de Higgs se le puede aparecer en cualquier lugar y cuando menos se le espera. 

Evans, D (2003)  recoge en su libroPlacebo: el triunfo de la mente sobre la materia en la medicina moderna, un estudio sobre la efectividad de la terapia de desensibilización, que es una aplicación del modelo conductista. Se seleccionó a un grupo de pacientes que padecían fobia a arañas y serpientes; se les subdividió a su vez en dos grupos. Uno de ellos fue sometido a una terapia de desensibilización real y el otro a una terapia placebo (falsa terapia), pero compartiendo el mismo ritual. Los pacientes del grupo placebo mostraron tanta mejoría como los del grupo que recibieron la terapia de desensibilización. 

Esto, unido a más evidencias, ha llevado a asegurar a habitantes de Ciencia que todas las terapias son placebo; que tanto las “científicas” como las “pseudoterapias” (terapias humanistas,  gestalt, psicoanálisis, etc.) son falsas terapias y que los terapeutas (todos) somos... Que nadie se asuste.  Hay suficiente evidencia empírica que demuestra la mayor efectividad de las psicoterapias sobre el placebo, también de las conductuales y cognitivo-conductuales, como también hay evidencia de su mayor efectividad sobre las "terapias" farmacológicas, aunque sobre esto último, el Ministerio de Sanidad  vive en otra realidad, la suya. 

Volvemos con la psicología conductista que, considerada a sí misma como “psicología científica”, es un manojo de crisis. 

Hoy, en su mayor parte, los “psicólogos científicos” se autodenominan cognitivo-conductuales. Que más que una evolución es una muestra de la descomposición del modelo inicial. Skinner trató de construir una ciencia de la conducta siguiendo el modelo de la física, y esta empresa ha sido un fracaso estrepitoso

La visión mecanicista de la psicología: la creencia de que iguales causas tienen los mismos efectos en todas las ocasiones, es falsa. 

A regañadientes, la psicología “científica” se ha visto obligada a tener en cuenta la existencia de pensamientos e ideas. 

Aunque se denominan “cognitivos”, también se han visto obligados a tomar en consideración las emociones, con el tiempo añadirán a su modelo el “cuerpo” y las sensaciones, al margen de las técnicas de relajación, y eso que desde la publicación del Error de Descartes (Damasio. 1993), ha pasado más de una década, y más de setenta años desde que W. Reich (1897-1957) iniciara sus terapias corporales: “la memoria está en el cuerpo". 

No se descarta que algún día descubran el incosciente. Eysenk. H. (1965), reconocido conductista, dejó caer la existencia de algo “subyacente”: “...hay dos clases de reacciones condicionadas adicionales: automáticas y motrices. Las reacciones de ansiedad son típicas de la clase automática, mientras que los tics, movimientos compulsivos, etc., son típicos de reacciones condicionadas motrices. Si se logra eliminar la reacción condicionada automática, se efectúa la cura. Si simplemente se eliminan las reacciones motrices... , la extinción de la reacción motriz sin la extinción simultánea de la reacción condicionada automática [históricamente anterior] sólo efectuaría una cura parcial y no podría recomendarse como suficiente.”

No quiero decir con este repaso sobre los “conductismos” que no haya hada de verdad en esta “psicología científica”. Entre estas verdades, es un hecho que Skinner demostró que una paloma puede conducir una aeronave, es decir, que se puede ser astronauta con el cerebro de un pájaro. Es sólo un ejemplo. 

Tras este necesario acercamiento a lo que, tanto el Ministerio de Sanidad y la Organización Médico Colegial consideran con el derecho al monopolio de la denominación de “psicología científica”, y ante la regulación de las “pseudoterapías” que está imponiendo; sin explicar qué criterios está utilizando sobre lo que cae en el campo de la ciencia y qué es lo que está fuera. 

Sobre su afirmación reiterada sobre el uso de la “evidencia científica” para completar su lista de pseudoterapias, que más que lista parece tonta; recordamos que los estudios comparativos entre psicoterapias, incluyendo las revisiones meta-analíticas, aportan resultados similares en el sentido de la equivalencia de resultados entre las diferentes psicoterapias (Guillem, F. y Miró, M.T.,1993). Proponiendo que hay factores comunes que predicen un buen fin del proceso terapéutico al margen de la escuela o técnica empleada. 

Entre todos los factores comunes a todas las psicoterapias (tanto de las “científicas” como  de las "no científicas”) y que contribuyen al cambio terapéutico, destacan: las variables del cliente, las características del terapeuta y la interacción entre terapeuta y cliente. Esta es la “evidencia científica” y no la creencia en la que está el Ministerio. 

En este punto, la insistencia en reconocer a la psicología conductual como la científica y enfrentada a otras psicoterapias (catalogadas como "pseudoterapias") sólo se sostiene bajo la premisa de Humpty Dumpty: “ciencia significa lo que yo quiera que signifique”, “la cuestión es ver quién es el que manda... eso es todo”. 

La defensa dogmática de esta “ciencia”, a día de hoy es sólo una traba más a la construcción de una  psicología científica, o lo más parecido a ello, para fundar un nuevo país en el continente Ciencia, cuya aplicación práctica sea la psicoterapia. Un obstáculo más al estudio del proceso terapéutico.

Bibliografía básica:

Feixas, G. y Miró, Mª Teresa. Aproximaciones a la psicoterapia. Ed. Paidós. Barcelona, 1993

Nisbet. A. Lorenz. Ed. salvat. Barcelona, 1993

Skinner, B.F. Sobre el conductismo. Ed. Fontalba. Barcelona, 1975

Tudela Garmendía, P. Psicología experimental. TI. UNED, 2001

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