VERIFICADORES III

 

La ciencia no avanza mediante declaraciones o consensos,

 sino mediante experimentación

R. Shapiro

 Hubo un tiempo y un lugar en el que la ciencia fue otra ciencia. Un lapso de espacio-tiempo sin dificultad alguna para encontrar libros asequibles de divulgación científica. Textos escritos por científicos de primera línea; no los refritos de divulgación que se venden ahora en quioscos y librerías.

 Uno de estos libros ochenteros con sus tapas verdes y gastadas lo tengo ahora delante. El autor, Robert Shapiro, explicaba la diferencia entre ciencia y  mitología:

 La ciencia no es un conjunto dado de respuestas, sino un sistema para obtenerlas. El método que se emplea en la investigación es más importante que la naturaleza de las soluciones. Las preguntas no tienen por qué ser respondidas, y se pueden brindar respuestas y luego cambiarlas.

 Afirmaciones como “hecho científico probado” son de uso corriente tanto en la propaganda como en las discusiones. La frase no refleja la naturaleza de la ciencia, sino que denota más bien un anhelo insatisfactorio de mitología.

 Declaraciones firmadas por científicos

 Una forma de crear verdades absolutas e “incontestables” (mitología) es mediante el uso y abuso del argumento de autoridad en sus diversas formas, incluyendo las declaraciones firmadas por cientos de científicos tan de moda durante la pandemia. Al respecto, interés tiene una carta publicada a Ioannidis recientemente en la que explicaba las razones por las que no es partidario de este tipo de manifiestos. Entre éstas:

 La ciencia está repleta de situaciones en las que mayorías vehementes han mantenido creencias erróneas.

 Invocar la autoridad es otra falacia. Las opiniones de expertos se encuentran en la parte inferior de la jerarquía de pruebas.

 Las peticiones que confían demasiado en sus supuestos conocimientos pueden incluso ser vergonzosas, cuando los expertos contratados ni siquiera cubren las dimensiones clave de la experiencia necesaria. Por ejemplo, los microbiólogos y los expertos en enfermedades infecciosas pueden no saber lo suficiente sobre las enfermedades de la desesperación, la economía y la dinámica de la crisis social; y los economistas pueden carecer de conocimientos sobre virología, inmunología o cuidados intensivos

 Las peticiones crean una falsa sensación de certeza para una pandemia nueva en la que inevitablemente puede existir incertidumbre sobre cuestiones importantes. Esto dificulta la curiosidad científica. Muchos científicos pueden sentirse amenazados por la mentalidad masiva expresada por estas cartas y por las difamaciones de los medios y las redes sociales que las acompañan, y pueden autocensurar sus ideas de alto riesgo o impopulares.

 Desafiar la ortodoxia nunca es fácil, pero se vuelve casi imposible cuando los defensores de cualquier ortodoxia hablan con vehemencia sobre cuán incontestable es "su verdad" difamando a sus oponentes.

 Muchos firmantes pueden tener conflictos de intereses, pero estos casi nunca se divulgan en el formato de la petición. Por el contrario, habrían tenido que revelar estos conflictos si hubieran presentado sus puntos de vista a una revista científica.    

Las advertencias de Ioannidis posiblemente tengan su origen en la persecución que ha viene padeciendo desde abril-marzo por la comunidad científica visible en los grandes medios de comunicación. 

Propaganda y verificadores

Cuando se abusa del argumento de autoridad  y siempre camina en la misma dirección, nos encontramos con la propaganda. Cuando como prueba “científica” se emplea el “consenso científico” ya nos encontramos en el campo de los inquisidores y no en el país de la ciencia. Ante la pregunta de a quién creer, si al terraplanista o al “consenso científico”, la respuesta debería de ser obvia: a ninguno.

 Sin embargo, el exceso en el uso del argumento de autoridad y la difamación del adversario son el pan de cada día de los “verificadores”. Es demasiado frecuente el uso de fórmulas de este tipo:

 Circula por grandes medios de comunicación y redes sociales un mensaje que afirma que “nos encontramos en la segunda ola del COVID-19”, pero es falso. El Dr. Mike Yeadow, ex director de operaciones y vicepresidente, jefe de investigación de alergias y enfermedades respiratorias de Pzifer Global y cofundador de Ziarco Pharma Ltd., explica a diabolicoBulo.es que en Europa las muertes diarias por y con COVID-19 han cesado, habiendo caído más del 99% desde el pico. Todos los números monitoreados cuidadosamente caen: número de hospitalizados, número de pacientes en cuidados intensivos, todos caen al mismo tiempo desde el pico del mes de abril. ¿Qué está ocurriendo en España y Francia? Un examen cuidadoso de los datos semanales de mortalidad por todas las causas en Francia es totalmente claro. Seis semanas después de una aparente subida del número de casos, el número de muertes permanece totalmente plano y normal.

 Cambiando  los protagonistas, con la misma fórmula y la misma materia prima, los “verificadores” fabrican “LA VERDAD”:

 Circula por grandes medios de comunicación y redes sociales un mensaje que afirma que “no nos encontramos en la segunda ola del COVID”, pero es falso. Consultada la experta x viróloga del CESIC...etc.,etc.

 Como vemos, el uso del argumento de autoridad se puede usar tanto para un roto como para un descosido. Cuando solamente se da voz a unos y se ningunea o difama a otros, tras la apariencia de  divulgación científica o "debate científico" se encuentra la propaganda.

 El uso de la difamación como demostración “científica” se ha convertido en otro habitual entre las técnicas de manipulación de los “verificadores”, con expresiones similares a la siguiente:

 La controvertida multinacional Johnson & Johnson está desarrollando una polémica vacuna contra el COVID-19. La multinacional ha sido recientemente la protagonista de varios pleitos que ponen en duda su transparencia. En Australia más de 1.350 mujeres víctimas de un implante vaginal distribuido por Johnson & Johnson han ganado una demanda a la empresa. El Tribunal australiano ha asegurado que "los riesgos eran conocidos” por la multinacional y “no eran insignificantes". En Estados Unidos un tribunal condenó en 2018 a la compañía por la presencia de un producto cancerígeno en sus productos de talco. Señalando que “la compañía trabajó incansablemente para garantizar que los protocolos de prueba no detectaran el asbesto en todas las muestras de talco”.

 Es evidente que los hechos narrados y los adjetivos empleados no tienen relación alguna con la vacuna, pero ponen en duda cualquier proyecto de la multinacional. También es evidente que este es un ejemplo de lo que nunca verifican los “verificadores”. Lo suyo es acosar a los disidentes:

 El descubridor del VIH afirma que el coronavirus proviene de un "accidente industrial". Actualmente es un polémico defensor de la memoria del agua o la teletransportación del ADN, entre otras cosas.

 Otra razón para desconfiar de las “declaraciones” firmadas por “expertos”, no incluida en la carta de Ionnadis, es el desprecio implícito a las opiniones “no expertas”. En el caso de la actual pandemia, la voz de las personas más vulnerables, de los excluidos, de las personas mayores, de las víctimas de los confinamientos ha estado y está ausente mientras que el mundo de la “ciencia” y sus declaraciones de “expertos” justifican, queriendo o sin querer, este cruel desacierto.

 La Declaración de Great Barrington

 A pesar de todo lo expuesto hasta ahora y de otras cuestiones, soy firmante de la Declaración de Great Barrington. Los motivos: varios. Uno, se ha hecho visible que no existe “consenso científico” en torno a los confinamientos y otras medidas tomadas por gobiernos de todo el mundo. Hay más de una ciencia de la pandemia. Dos, que las críticas y dudas ante la versión oficial ya no se pueden resolver con un insulto: “negacionista”. Tres: ha servido para que se conozca la opinión de la OMS sobre las consecuencias de los confinamientos:

 “apelamos a todos lo líderes mundiales: dejen de usar el confinamiento como principal método de control (...) Tiene una consecuencia que nunca hay que menospreciar y es hacer que la gente más pobre sea mucho más pobre”

 La Declaración de Great Barrington ha causado revuelo en el mundo de la ciencia. Ya han aparecido varias contra-declaraciones. Quizás la más importante de éstas sea el John Snow Memorandum. Los argumentos generales del tipo “Esta es una falacia peligrosa que no está respaldada científicamente”, no pueden ocultar una realidad. La Declaración de Great Barrington se ha publicado en el momento en el que en Europa todos los países siguen el criticado “modelo sueco”, es decir, no confinar.

 Lo cual me lleva a preguntarme, que si el Ministerio de Sanidad español sitúa la cifra global de personas infectadas en casi un millón: ¿por qué no estamos confinados como en los meses de abril y marzo?

 El Presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, sobre las “bondades” cuantificables del confinamiento extremo, ha asegurado hasta aburrir que en marzo y abril se han salvado 400.000 vidas en España. Entonces, ¿Por qué no se vuelven a salvar ahora otros cientos de miles de vidas aplicando otro confinamiento? Lo cierto es que el virus no ha cambiado, el número de “contagiados” es mayor que en abril-marzo y ahora, por alguna razón inexplicable, no estamos confinados.

 La respuesta puede estar en las cuentas. Basta con hacer una sencilla operación que los “verificadores” han pasado por alto para poner en duda tanta vida salvada. Con una letalidad del 0,6%, que es la que oficialmente tiene el COVID en España, con todo el mundo enfermo, faltan millones de habitantes para que se pudiera cumplir la predicción de las 400.000 personas fallecidas sin confinamiento. Que el 0,6% de 47.000.000 de personas son 282.000. Quizás los 50.000 fallecidos  no esperados para marzo y abril en España no se deban a las medidas tomadas y votadas por todo el Parlamento. Quizás las medidas fueron oportunas, pero falló la realidad. 

 Se preguntaba hace unos días una representante de la OMS: ¿por qué las cosas van tan mal en España? El país con más restricciones de Europa y el país con más positivos. Quizás, se me ocurre, la pregunta podría ser otra: ¿Por qué vamos tan bien? ¿Cómo es posible que con un millón de positivos en las pruebas PCR no estén los hospitales saturados, las UCIs a rebosar, las funerarias desbordadas? 

Tras la Declaración de Great Barrington a estas dudas se las puede seguir contestando con insultos. Pero, sin “consenso científico” ya no es lo mismo.

ANEXO:

Fragmento de: Por qué la mayoría de los resultados de las investigaciones publicadas son falsos. John PA Ioannidis 

Corolario 5: Cuanto mayores sean los intereses y prejuicios financieros y de otro tipo en un campo científico, es menos probable que los resultados de la investigación sean ciertos. (...) Los conflictos de intereses son muy comunes en la investigación  biomédica y, por lo general, se informan de manera inadecuada y escasa. El prejuicio no necesariamente tiene raíces financieras. Los científicos de un campo determinado pueden verse perjudicados simplemente por su creencia en una teoría científica o su compromiso con sus propios hallazgos. 

Corolario 6: Cuanto más caliente es un campo científico (con muchos equipos científicos involucrados), es menos probable que los hallazgos de la investigación sean ciertos. (...) Con muchos equipos trabajando en el mismo campo y con la producción masiva de datos experimentales, el tiempo es esencial para vencer a la competencia. Por lo tanto, cada equipo puede priorizar la búsqueda y difusión de sus resultados “positivos” más impresionantes. 

 Las partes interesadas con muchos prejuicios pueden incluso crear una barrera que interrumpa los esfuerzos por obtener y difundir resultados opuestos.

Publicado on line el 30 de agosto de 2005. doi: 10.1371 / journal.pmed.0020124

PMCID: PMC1182327

PMID: 16060722

 

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