la BOLSA y la vida

Ciencia: 1. f. Conjunto de conocimientos obtenidos
 mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente
 estructurados y de los que se deducen principios
 y leyes generales con capacidad predictiva
y comprobables experimentalmente. RAE 
Tecnología: 1. f. Conjunto de teorías y de técnicas
que permiten el aprovechamiento práctico
del conocimiento científico. RAE

Todo lo que a continuación se narra es un bulo o, siendo más preciso una sucesión de bulos. Hecha la advertencia, lo que sigue es un cuento sobre tecnología, protagonizado por técnicos, políticos, gente pudiente y medios de comunicación, sin pizca de ciencia, en el cual, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Si lo que está buscando es un texto serio sobre bulos y pandemia no siga leyendo. Lo que está buscando está en otro lugar y es fácilmente reconocible pues aparecerán los nombres de Miguel Bosé y Pámies.

la vieja realidad
Nostálgica y apegada a la “vieja realidad” Prescrire, no sabemos muy bien por qué, le ha dedicado sus dos últimas editoriales a un fármaco retirado del mercado. No voy a extenderme mucho en los detalles, ya que es de dominio público que miles de personas han sido afectadas por este medicamento y al menos 2000  han fallecido por su causa. El lugar del suceso ha sido un lugar tan exótico y lejano de la de la Península Ibérica como Francia. 

Como la prensa española ha mostrado gran solidaridad con los afectados, sin que la lejania geográfica y cultural haya sido un estorbo para la amplia difusión del caso, voy a ser breve sobre los más que conocidos detalles de éste. 

El fármaco retirado, al que ha dedicado sus editoriales Prescrire, es el Mediator (benfluorex). Como la información sobre el caso Mediator es abrumadora, solamente voy a dar unas breves pinceladas sobre éste, que no quiero aburrir a nadie. 

Entre los acusados por los daños causados por la ingesta de Mediator se encuentran la farmacéutica Servier, la Agencia Nacional de Seguridad del Medicamento (Francia), empleados de la farmacéutica, una ex-senadora. 

El juicio no podrá contar con uno de los pricipales acusados, Jacques Servier, fundador de la compañía, pues los años no perdonan. El tiempo jurídico, que es de otra dimensión espacio-tiempo, no corre del mismo modo que el de los mortales y Jaques Servier, acusado en vida, falleció (2015) sin llegar al momento del juicio (2020). 

Desde Prescrire se ha reflexionado sobre dos cuestiones: 

1. ¿Cómo fue posible que durante años se prescribiera un medicamento que provocó severas patologías cardiacas sin que los médicos que lo prescribieron a miles de pacientes se dieran cuenta? 

2. ¿Qué ocurrió para que un medicamento que estaba indicado para pacientes diabéticos acabara siendo recetado como un supresor seguro del apetito? ¿Cómo fue posible que incluso los pacientes solicitaran Mediator a sus médicos para adelgazar? 

Durante el juicio la farmacéutica y la agencia reguladora de medicamentos francesa se han defendido alegando que el medicamento no era un supresor del apetito y que no estaba ni autorizado ni promovido como tal. Lo cual me lleva a saltarme la primera cuestión y dedicarme al punto 2. 

Rumores que matan 
La difusión de la prescripción y consumo de Mediator se debió a la difusión de un rumor. No a “las indicaciones oficiales del medicamento o en los resultados de ensayos clínicos, sino más bien en un rumor. Otro rumor letal. ¿Quién propagó este rumor?” 

La propagación de rumores criminales de este tipo se hace posible por la divulgación de información sesgada: 

sesgo en la información debido a varias causas, que incluyen: los intereses financieros de los proveedores de atención médica y los fabricantes de productos de salud; la experiencia limitada o sobreestimada de algunos expertos; confusión por parte de las autoridades sanitarias entre los intereses de la industria de la salud y los de los pacientes; y la tendencia general a minimizar los efectos adversos. (Prescrire.2020)

La vieja realidad y la fabricación de rumores 
Un buen ejemplo de la creación de un rumor, por lo documentado que está, es un artículo publicado en la sección de Sociedad de El País, año XI a. del Confinamiento, cuya autora presentaba un nuevo fármaco milagroso, lo nunca visto para el dolor. El artículo sigue el esquema ya típico dentro del mundo de la psiquiatría biológica, tan bien descrito por los autores de la invención de trastornos mentales (2007). Inventarse el problema y presentar una lucrativa solución al invento. 

Este artículo dio para un interesante diálogo entre un médico, el Dr. Galván, la autora del escrito, Mayka Sánchez, bioquímica y colaboradora de El País en asuntos de sanidad, y la entonces Defensora del Lector de El País, Milagros Pérez Oliva. 

Mayka Sánchez presentaba, cual charlatán en una película del Oeste, un producto milagro asegurando, sin rubor alguno, que “en el último Congreso Europeo del Dolor, celebrado en Lisboa, se presentó tapentadol (…), el primer analgésico que aparece en 25 años de una nueva generación que marcará un antes y un después”, y no sólo  esto; se abría una nueva era, según la colaboradora de El País: “los expertos aseguraron en Lisboa que se inicia una nueva era en el manejo difícil del dolor agudo y crónico”. 

“A pesar de que nueve millones de españoles sufren dolor crónico, sólo el 10% de los facultativos de atención primaria emplean escalas de medición para su mejor abordaje terapéutico, un problema que provoca que hasta en la mitad de los casos, ese dolor pueda llegar a ser un síntoma mal tratado” 

Existe un tremendo problema, el dolor crónico, al que los especialistas no prestan suficiente atención y, como resultado de ésto, millones de pacientes están siendo mal tratados por sus negligentes médicos. Un relato calcado al que la industria farmacéutica elaboró en Estados Unido para ampliar el negocio y la prescripción de fármacos opioides. 

Al Dr. Galván, médico de familia, le molestó bastante que se cuestionara su buen hacer profesional y remitió su queja a la Defensora del Lector. Solicitando, además, que se investigara por si lo publicado se trataba de un caso de publicidad encubierta: 

“He estado buscando en la principal base de datos de estudios científicos, la librería PubMed de Estados Unidos, he analizado los estudios que se han publicado sobre este nuevo medicamento y, créame, los resultados muestran que no es muy superior al placebo y en todo caso es muy similar en cuanto a eficacia respecto de otros de los que hay mucha más experiencia clínica y cuyo precio, sospecho, será muy inferior”  

Mayka contestó a las dudas del Dr. Galván argumentando que el fármaco está avalado por “177 artículos, publicados en revistas y congresos internacionales”, todos ellos con “un comité editorial y científico que vela por la veracidad, objetividad y calidad de los trabajos presentados”. Por tanto, la sospecha de publicidad encubierta “es una opinión muy subjetiva y sin base en el texto publicado”.  

Mayka, a su vez, es puesta en evidencia por la Defensora que subraya que todos los estudios y congresos a los que hace referencia están financiados por la farmacéutica propietaria y promotora del medicamento. Concluyendo que: 

“Todos los estudios sobre nuevos fármacos, incluidos los que cita Mayka Sánchez sobre el tapentadol, están financiados por los laboratorios productores y a veces también los congresos en los que se presentan. Sobre los sesgos en la investigación clínica y la publicación de sus resultados existe una amplia literatura científica. La labor de un periodista es verificar la información y evitar los sesgos de parte que pueda contener. 

“La información sigue peligrosamente el esquema de las nuevas estrategias que la industria farmacéutica emplea para promover la prescripción de sus fármacos.” 

“Dada la suspicacia con que es recibida la información procedente de la industria, ésta se ha visto obligada a buscar formas indirectas y de mayor autoridad para vehicular su actividad. Para ello han creado fundaciones y plataformas teóricamente independientes y sin ánimo de lucro, integradas por académicos y especialistas, pero financiadas por la propia industria.” 

“Sobre todo ello, la subdirectora responsable de Sociedad, Berna González Harbour, afirma: ‘El periódico es cada día el objetivo de una ingente marea de informes y estudios, muchos de ellos de parte, cargados de conclusiones a primera vista interesantes pero que pierden su legitimidad en cuanto se comprueba el interés de su propio promotor. Nuestra tarea es analizar, distinguir y someter todo ello al máximo escrutinio, y filtrar y publicar sólo aquello que está verdaderamente contrastado y que es de interés objetivo para nuestros lectores. Los controles no han funcionado en este caso y pedimos disculpas. Ese artículo es un ejemplo de lo que no debemos hacer’.” 

La jungla de la inversión 
Este año I del Confinamiento nos está regalando una oportunidad, única, para estudiar en vivo el nacimiento, el desarrollo y, en ocasiones, la tragedia: la muerte del rumor en la nueva realidad. Todo acompañado de una auténtica montaña rusa de emociones.

El ecosistema de la inversión cambia de forma incesante al ritmo que marcan los anuncios relacionados con farmacéuticas y bio-tecnológicas. Cada buena nueva en el progreso de una vacuna o medicamento contra el Covid es seguido de una fulgurante subida en bolsa de las acciones del laboratorio agraciado. Si ocurre lo contrario, el fallecimiento del rumor, podemos observar la desbandada del accionista que huye de la pérdida como la gacela del tigre.

Más de 1.250 investigaciones se están desarrollando en todo el mundo en un frenesí que tendrá pocos ganadores pero premios suculentos para los vencedores. Miles de millones de euros se están dedicando a la investigación de medicamentos y vacunas contra el Covid. En este ecosistema los inversores, que creen en la industria farmacéutica, han puesto su salud y su cartera en manos de estas empresas.

Los anuncios de una segunda ola o tercera de la pandemia, a ser posible con más victimas que la primera, mueven más los mercados y desembocan en la compra entusiasta de acciones bio-farmacéuticas.

Una peculiaridad de este ecosistema es la promoción de uno u otro medicamento sin ningún criterio sanitario; ofreciendo datos parciales y entregados a los media que los publicitan con un único interés: el mercantil.

En la jungla de la inversión: el rumor es el rey.

Rumores en la nueva normalidad: dos ejemplos

Aplidina 
La Aplidina es un supuesto anti-tumoral, y digo supuesto, pues la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) ha rechazado en dos ocasiones la comercialización de este fármaco como tratamiento contra el cáncer y cuya promotora, la empresa Pharma Mar, trata de comercializarlo desde hace unos meses como tratamiento para el Covid-19. 

3 de marzo. La farmacéutica española Pharma Mar, en cuyo consejo de administración habitan varios ex-mininistros, informaba a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) que no tiene cura para el coronavirus pero que cuenta “con un compuesto terapéutico, Aplidina, aprobado en Australia para el tratamiento de mieloma múltiple, que por su mecanismo de acción podría tener efectividad para tratar el actual brote de coronavirus, denominado Covid-19. Se trata de una hipótesis...” 

Ese mismo día, el Presidente de Pharma Mar Fernandez de Sousa, un optimista, en rueda de prensa convocada para informar sobre el jercicio de la empresa en 2019, aprovechó para hablar de las cosas buenas que están por venir y no de las pérdidas millonarias del ejercicio anterior. 

El presidente de Pharma Mar se encargaba de comunicar a la prensa que su sociedad “está trabajando en demostrar que uno de sus fármacos, la Aplidina, podría ser efectivo contra el coronavirus” y que tenían puestas en éste “altas expectativas”. 

Tras la rueda de prensa los principales medios de comunicación “informaban” que la empresa “espera curar el coronavirus en las próximas semanas”. Ese mismo día, las acciones de Pharma Mar suben un 15%. Acciones que habían caído casi un 25%  en las tres semanas anteriores. 

2 de abril. Luis Enjuanes, trabajador público, que trabaja en un organismo público financiado con dinero público, director del laboratorio de coronavirus del Centro Nacional de Biotecnología (CNB), organismo dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), asegura que el Aplidin “no solo inhibe la propagación del virus, sino que lo hace a concentraciones muy bajas con un producto que no es tóxico para las personas”... “lo importante es que ya se había utilizado previamente en humanos y la aprobación, en caso de que se demuestre su utilidad, sería muy rápida para salir a tratar a los pacientes más graves”. 

9 de mayo. Las acciones de Pharma Mar ha subido un 25% desde los últimos tres meses cabalgando sobre lo que los medios de comunicación llaman hitos en la investigación. 

11 de mayo. El director general Luis Mora informa que Aplidin estará disponible como tratamiento del Covid en unas pocas, pero, largas semanas. Como muy pronto, en 2021. 

26 de mayo. Luis Mora se viene arriba y afirma sobre su mercancia: “Los resultados de la fase I están siendo asombrosos”,“la potencia antivirual del Aplidin es mil veces superior a la del fármaco Remdesivir (la competencia)”. 

8 de junio. Un periódico económico pide más buenas noticias sobre Aplidin que impidan que la cotización en bolsa caiga tras subir más de un 65% en el año en curso. 

Hidroxicloroquina
La hidroxicloroquina es un fármaco utilizado en el tratamiento y la prevención del paludismo o malaria. Su mecanismo de acción es desconocido, lo que convierte el tratamiento de la malaria con hidroxicloroquina, aunque funcione, en un claro ejemplo de pseudo-terapia ajustándonos a los ingeniosos criterios que utilizan los promotores de la campaña en contra las pseudo-terapias (no puedo evitarlo). 

La hipótesis de que la hidroxicloroquina podría ser un tratamiento eficaz para covid-19 surge por las propiedades anti-virales del fármaco. A finales de marzo se publican dos ensayos que no son concluyentes pero que son el inicio toda una serie de acontecimientos. 

Hasta mediados de mayo, todo transcurre con la normalidad de la nueva normalidad, mucho ensayo y error, promesas sin cumplir, poca ciencia y muchas prisas. 

Pero el 19 de mayo asistimos a un excepcional truco publicitario. Un personaje público que no era Rafa Nadal, sino el mismísimo presidente de Estados Unidos era el que, sin ninguna evidencia, se dedicaba a inflar el valor potencial de la hidroxicloroquina. 

Ese día Trump anunciaba que se automedica y toma hidroxicloroquina: “Llevo una semana y media tomándolo. Y aquí sigo”. Trump no ha estado solo en esta campaña publicitaria, ya que a sus declaraciones se han unido las voces de Jair Bolsonaro y Nicolás Maduro. 

El 24 de abril, en una revista médica de prestigio, se publica una investigación Effect of High vs Low Doses of Chloroquine Diphosphate as Adjunctive Therapy for Patients Hospitalized With Severe Acute Respiratory Syndrome Coronavirus 2 (SARS-CoV-2) Infection. Hasta aquí nada raro, otro de los cientos de estudios publicados. 

Las conclusión a la que llega el estudio es que la cloroquina, un pariente de la hidroxicloroquina menos tóxico, no tiene ningún beneficio:“no se observó ningún beneficio aparente de CQ con respecto a la letalidad en nuestros pacientes hasta el momento.” Además, según Marcus Lacerda, el investigador principal: “La única conclusión que puede sacar del estudio es que este medicamento, cuando se usa en dosis altas, no es seguro”. 

Tampoco es raro lo que le sucedió a Marcus Lacerda. Conocidos los resultados del estudio  antes de su publicación, el Dr. Lacerda sufrió todo tipo de ataques en Brasil incluyendo las amenazas de muerte a él y a su familia o los mensajes de la familia Bolsonaro. Amenzas que sólo cesaron cuando se publicó la investigación que es lo que parece que se intentaba evitar. Por si fuera poca cosa, Lacerda todavía tiene que dar cuentas a tres fiscales brasileños que le piden explicaciones. Nada personal, sólo negocios.

El 22 de mayo The Lancet, una de las revistas médicas con más prestigio en el mundo, publicaba un paper cuya conclusión era que este medicamento no sólo no cura, sino que podía llevar a la muerte al causar arritmias cardiacas. Esta publicación, no fue una más, tuvo tal impacto global que la Organización Mundial de la Salud (OMS), Francia y otros suspendieron la investigación sobre este fármaco. 

El estudio consistía en un análisis de datos de los registros electrónicos de salud de diferentes hospitales. Por tanto, que los datos fueran ciertos era clave para que los resutados del estudio fueran acertados. 

Sin embargo, el autor principal del estudio, el profesor Mandeep Mehra, del hospital Brigham and Women's en Boston, solicitó a The Lancet la retracción de lo publicado pues, según dijo, no podía garantizar la exactitud de los datos. La empresa que facilitó la información para la investigación limitó tanto el acceso a los datos sin cocinar  que era imposible comprobar su veracidad. 

Se volvía repetir el caso Tamiflú. Prescrire recordaba hace pocas fechas la similitud entre lo sucedido  con The Lancet y lo sucedido durante la epidemia de gripe A: 

"El acceso a datos sin procesar de estudios clínicos y actividades de farmaco-vigilancia es la única forma de examinar cómo se codificron, cotejaron y analizaron los datos, a fin de verificar su fiablidad y veracidad. Por ejemplo, a principios de la década de 2010, un Grupo de Revisión Cochrane tuvo que luchar durante varios años para obtener datos retenidos, y retenidos, por Roche sobre oseltamivir (Tamiflu u otras marcas) en el tratamiento de la gripe. Cuando el Grupo finalmente obtuvo los datos, su análisis reveló fallas metodológicas importantes en la evaluación del medicamento que la compañía había ocultado, mientras que varios países, incluido Francia, habían estado almacenando oseltamivir sobre la base de estos ensayos” 

The British Medical Journal (Thebmg) en 2013 se comprometía a no publicar investigaciones en las que los datos no se pudieran comprobar: 

“Los datos ocultos de ensayos clínicos están socavando sistemáticamente la capacidad de los médicos para prescribir tratamientos con confianza. Una gama completa de medicamentos ampliamente utilizados en todas las especialidades de la medicina se han presentado como más seguros y más efectivos de lo que son, poniendo en peligro la vida de las personas y desperdiciando dinero público. A partir de enero de 2013, The BMJ ya no publicará ningún ensayo de medicamentos o dispositivos en los que los autores no se comprometan a poner a disposición los datos anónimos del nivel de paciente anónimo, previa solicitud razonable.” 

Sin embargo, la cuestión es complicada y más con la cantidad de intereses que se mueven en este momento. Thebmg, tras lo ocurrido con The Lancet, también retiraba otro artículo contrario al uso de la Hidroxicloroquina por el mismo motivo: la opacidad de los datos en bruto del estudio. 

El 15 de junio, la Food and Drug Administration (FDA) de Estados Unidos concluía que según la última evidencia científica: 

"La FDA ha concluido que, en base a esta nueva información y otra información discutida en el memorándum adjunto, ya no es razonable creer que las formulaciones orales de HCQ (hidroxicloroquina) y CQ (cloroquina) puedan ser efectivas en el tratamiento de COVID-19, ni es razonable creer que los beneficios conocidos y potenciales de estos productos superen sus riesgos conocidos y potenciales" "En consecuencia, la FDA revoca la EUA para el uso de emergencia de HCQ y CQ para tratar COVID-19", "A la fecha de esta carta, las formulaciones orales de HCQ y CQ ya no están autorizadas por la FDA para tratar COVID-19". 

A día de hoy, tres grandes estudios descartan cualquier esperanza de que la hidroxicloroquina pueda tratar o prevenir COVID-19. Por el camino, en el año I del Confinamiento, millones de pastillas vendidas. Y lo más importante, millones de personas pidiendo veneno y cárcel. 


Comentarios

  1. Muy interesante, nunca se insistirá bastante en esto, porque el nivel de hastío de la media de la población es muy alto. Como usuario habitual de redes sociales (twitter, instagram y especialmente facebook) sé que casi nadie se toma la molestia de comprobar la "información" antes de compartirla, y se mueve más por causas viscerales y emocionales que por la lógica o el razonamiento personal. El hastío al que me refiero es, en circunstancias ex-normales, cansancio vital por un trabajo alienante y una vida personal poco satisfactoria, y en las presentes (y me temo que futuras) circunstancias demenciales, por el autobombardeo de televisón basura (noticiarios y tertulias, tanto monta monta tanto), las normas cambiantes, la inseguridad laboral, el batacazo económico familiar y la incertidumbre. En resumen, lo que quiero decir es que es necesario que se publiquen artículos como el tuyo, y más visto lo visto en las susodichas redes. Leo a los que apoyan a muerte la gestión del gobierno, a los que quieren cargárselo a toda costa y sustituirlo por la cabra de la legión, a los que defienden la hidroxicloroquina porque (dicen) a ellos les funciona y no se cortan en llamar ovejas a todos los que les cuestionan, a los que les cuestionan llamándoles lunáticos, a los que creen que Bill Gates quiere ser el nuevo Napoleón y a los que se ríen de eso, y ninguno de todos estos (hablando en general) suele pasar de leer titulares o, en el mejor de los casos, artículos escritos por personas que piensan exactamente igual que ellos o que, estando al servicio del belcebú de turno, lo que quieren es que sigan pensando así. Si tu artículo abre alguna mente (o la desaletarga, que es lo que a veces nevesita la mía), fantástico.

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    1. Gracias José, desde luego tu mente nunca ha estado ni está aletargada.
      Sobre lo que comentas sólo dejo unas palabras de Bolsonaro:
      El que toma hidroxicloroquina es de derechas.

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  2. "Pero yo sólo he visto gente
    Que sufre y calla, dolor y miedo
    Gente que sólo desea
    Su pan, su hembra y la fiesta en paz"

    "Pero yo sólo he visto gente
    Muy obediente, hasta en la cama
    Gente que tan sólo pide
    Vivir su vida, sin más mentiras y en paz"

    Y los aludidos pusieron la oreja... pan y circo, zanahoria y palo, que viene el lobo... eureka!

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