No conviene olvidar que si un fenómeno no ha podido reproducirse en el laboratorio en condiciones dadas, esto no quiere decir ya que sea fantástico. Pavlov. Hola de nuevo, ¿Hay alguien por ahí? No importa, sigo escribiendo... Hace unas semanas que llevo preparando unos temas y se ha complicado el asunto. Por un lado por la complejidad de éstos, otra razón es que cuando se va contra-corriente es necesario ser más auto-exigente con lo que se va a publicar, ya que es fácil acabar en el mismo cesto que la cienciología si no se tiene cuidado. No lo digo por el contenido del blog, sino por la asociación que están creando ministerios, ministro y ministras, escépticos y amantes del glifosato, entre criticar su “ciencia”, su “veterinaria”, y ser creyente en la Tierra plana. Ya está casi preparada para publicar una historia de la psicoterapia en occidente, incluido un capítulo dedicado al EMDR, aunque aún tardaré en colgar unas dos semanas...
Ahí se encontraban “Sepulturero” Jones y “Ataúd” Hadi Johnson. Era una tórrida tarde de verano en París. “Sepulturero” agitaba una mano con el inútil empeño de refrescar algo su rostro, con la otra sujetaba un libro con la portada gastada: “ Todos Muertos ” de Chester Himes. “Ataúd”, con su cabeza abrazada por unos enormes auriculares dorados con dos grandes altavoces pensaba en la buena música que se hacía antes, no la m de ahora, mientras tronaban en su cráneo los graves de un viejo tema de Bounty Killer. Sonó una áspera voz y entraron en un despacho donde, tras una mesa, esperaba un hombre blanco como la leche, el capitán de policía Brice. Transcurridos 500 cadáveres, los dos detectives negros estaban preparados para dar carpetazo al asunto que les había reunido en el pequeño despacho de su superior. Primero, “Ataúd” dejó los cascos sobre la mesa, donde empezaron a saltar a ritmo de ragga, después se sentaron en dos incómodas sillas de oficina. Todo ...
suelen echarme en cara que no quiero seguir a mis mayores; Pero, ¿En qué habría de seguirlos? Paracelso Es conocido que a Pirro (318-272 a. C.) le bastaban sus manos manos para aliviar los dolores del cuerpo y las tristezas. Tumbada la persona dolida, un pase de manos del rey era suficiente para disolver el dolor. Transcurridos dos mil años de estos prodigios, el médico graduado en Viena, Mesmer (1734-1815), ocupaba el lugar de Pirro. Estudió medicina en la Universidad de Viena, contemporáneo de aventureros y charlatanes como Cagliostro o el Conde Saint-Germain, éste último “resucitado” en pleno siglo XX por José María Iñigo, su vida cambió el verano de 1774. Ese verano, el astrónomo Maximiliam Hell recibe el encargo de fabricar un imán “terapéutico” con la finalidad de curar a una mujer. Maximiliam amigo de Mesmer le informa de esta extraña petición. Mesmer, le pide a su amigo astrónomo que le mantenga informado del transcurso del tratamiento....
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